Si me elevo y veo estas cumbres tan altas, tan inalcanzables,
tan profundas,tan piadosas, tan cálidas, tan duras a la vez
Si me elevo no veo las cumbres, me veo a mí en ellas reflejada,
como una luna de marfil sin alas para poder escapar
En mi pecho late, entonces, el deseo de desvanecerme en forma de viento,
con mirada de águila recorrerlas, escrutar sus rincones,
rozar su piel de piedra a mil kilómetros por hora,
cortarme con sus cuchillas y no sangrar
Mimetizarme con la roca hasta perder mi esencia y ganar la suya,
gritar con la voz de la montaña y que mi eco alimente su leyenda
Pero estoy lejos, lejos de ellas
lejos mi corazón de su granito
En este balcón la teja fría congela mis pies descalzos
Yo solo deseo reencarnarme en ese aire que acaricia el agua de la laguna,
el reflejo brillante, liso y frío de la luna en ella
¡Qué suerte tiene el viento, testigo de la tormenta y la noche
en el cielo infinitamente oscuro y calmado de la Sierra!