Mis ojos son acosados por una espiral de lágrimas, una fuerza sobrenatural frunce mi ceño y una batería completa retumba en mi pecho. Mientras, yo, tan frágil, volátil e inocente no puedo hacer otra cosa que tambalearme al ritmo de la poesía más básica y pura. «Soledad de amores y locura». Es algo tan profundo y enigmático que una voz me grita por dentro «¡Ahí tienes tu respuesta! ¡Es por esto por lo que vive el ser humano! ¡Es por esto por lo que merece la pena nuestra especie!»
Sea posible, quizás, que una red invisible una los espíritus indomables y que estos, inconscientes, solo se den cuenta al escuchar a sus hermanos hechos canción. Puede ser que por eso, al oír las voces quebradas de los poetas de la tierra creamos encontrar esa parte de nosotros mismos que un día perdimos o que, quizás, no habíamos encontrado aún.